Se realiza la apertura. No con fanfarria, sino con convicción. Esto es un manifiesto de tinta y cuerpo.
La pluma llega para comunicar a través de lo humano que resiste el ruido. Desde la comunidad. Desde el valor del proceso, la ética del hacer, la presencia real de quienes escriben, grafican, ilustran y de quienes leen. Porque lo relevante está en el ensayo, en el error, en la conversación que no termina cuando se publica.
Un conjunto de académicos de distintas áreas, artistas y profesionales aportan su mirada y su pluma. Porque la comunicación no es un monólogo, sino un coro imperfecto y necesario.
Somos una mesa donde se discute, se comunica y se escucha.
Las páginas están abiertas y la mesa está puesta.